La carretera de la muerte

Origen: La Paz (9:30h)           
Destino: Coroico (17:00h) 
Km: 128.2         Tiempo: 4:53      Consumo: 5.2 l/100Km
Alojamiento: Hostal Uchumachi 30 BOB

Si La Paz de noche impresiona, hay que verla de día! Calles y callejuelas se cruzan enroscadas en un sube y baja sin tener muy claro donde te llevaran. La intuición de girar por una calle para ir a pillar esa otra aquí no sirve de mucho y te puedes ver ante una pendiente casi vertical si giras por donde no toca. A pesar del GPS y de google Maps, me ha costado casi dos horas salir de la ciudad. Todo por una calle en obras por la que no podía pasar y la insistencia de estos a llevarme por esa. Cuando finalmente conseguí llegar a la vía principal de salida, mi objetivo era llenar el depósito entes de irme. Misión imposible! Directamente lo he probado con el bidón en una: “No, no tenemos el sistema habilitado para extranjeros y para nacionales necesito una copia del DNI o un número de placa”. Bueno, lo probaremos en la siguiente. Misma respuesta! En las próximas dos no quedaba gasolina, sólo diesel y en las últimas, ya en la salida de La Paz tampoco podían/querían vender a extranjeros. La próxima está en Cotapata a 41km; supuestamente tengo 55km de autonomía, pero me han dicho que la gasolina por ahí es aun de menor calidad.

La salida de La Paz pasa por La Cumbre a los nada desdeñables 4650 msnm. Hay algunos miradores sin mucho que apreciar, pero justo cuando empieza la bajada y aparecen los Yungas la cosa cambia: no hay donde parar y el paisaje es abrumador! Un gran valle cubierto por una densa niebla aparece. Una pista se abre a la derecha y desciende serpenteante el valle. Columnas de niebla son empujadas por el aire pareciendo un humo blanco. Ahí es donde me tengo que meter yo? Voy descendiendo la carretera a la búsqueda de la entrada a “La carretera de la muerte” y me voy metiendo de lleno en la niebla. Apenas se ve a 20 metros y por poco me salto la gasolinera por no verla. Mientras lleno el bidón a la niebla se suma una lluvia constante. A ratos fina, a ratos abren el grifo y moja de verdad. Quizás no he escogido el mejor día para hacer la carretera de la muerte. Tres furgonetas de turistas pasan para hacerla con las bicis, mayor atractivo turístico de la zona, así que me pongo en marcha y me acerco a ver que tal.

La carretera de la muerte fue declarada en 1995 la carretera más peligrosa del mundo. Construida en el 1930 por presos paraguayos procedentes de la guerra del Chaco, era la vía principal entre La Paz y los Yungas. Es estrecha, empinada y con un precipicio a la izquierda (sentido Coroico) de entre 240 y 800 metros de caída vertical. Estas características hacen que sea la única carretera de Bolivia donde se circula a la inglesa, por la izquierda, para que el conductor vea lo que le queda de carretera antes del abismo, cosa que no evitó que registrara un promedio de 96 muertes anuales. Ahora, con la nueva carretera, ha quedado como una de esas carreteras míticas para moteros y como atractivo turístico para gringos que la descienden en bicicleta. La entrada me tiene acojinado, un camino de no más de tres metros de ancho tapado por una densa niebla y un cielo gris con llovizna. Dudo, dudo mucho y finalmente mis miedos me ganan y decido no hacerla. Es tarde y no quiero dormir en La Paz para que mañana se me vuelva a hacer tarde, así que seguiré por la nueva, dormiré en Coroico y mañana que la previsión del tiempo es mejor ya la haré.

Empiezo el descenso a Coroico por la nueva entre la densa niebla y con una constante lluvia. Que bien que he hecho rajándome! Cruzo un túnel y el cielo se abre, la niebla desaparece y el sol aparece tímidamente. Y si mis miedos eran excesivos? Llego a una curva a izquierdas y al fondo se ve la carretera que venía a hacer. Esta bajando un autobus. La vista es clara y no parece que sea tan complicada. Soy un cagón! Me doy media vuelta y me propongo hacer lo que he venido a hacer. La entrada sigue con la misma niebla o más. Sigue lloviendo, pero no hay vuelta atrás, más adelante está bien, lo he visto! Tal como empieza el descenso hay un puesto de control, ilegales por lo que me enteraría después. Me cobran 5 bolivianos por entrar y me dicen que en media hora estoy al otro lado. El camino es ancho, con muy buen ripio y se puede hacer tranquilo. La niebla va levantando y pararía en cada curva a hacerme una foto. Así llegas a la primera cascada que cae en medio de la carretera. El agua ahí se ha comido parte del camino y es bastante estrecho. Lo que debía ser venir en autobús por esta carretera, eso si debía dar miedito! Llego al puesto oficial. Les explico que ya he pagado arriba y es donde me informan que son ilegales. Que ellos cobran 25 BOB y que son los que realmente trabajan en la carretera: tienen una ambulancia y una excavadora para limpiar los derrumbes que se producen más abajo. Los próximos 8 kilómetros son los más peligrosos: hay muchas cascadas y algunos derrumbes, me avisa. Luego hasta Yapala son 8km más y 10 más hasta Coroico. En Yapala voy a tener que enseñar el tíquet o me volverán a cobrar, pero ya está no he de pagar en ningún tramo más. Pago y avanzo. Eso de los 8km más peligrosos me ha metido un poco de miedo en el cuerpo. La verdad que es donde esta el suelo peor, hay más piedra suelta y alguna llana que patina un poco. La carretera es más estrecha y la niebla ha vuelto a aparecer. Adelanto a una camioneta alemana. Mejor saber que llevas a alguien detrás que te puede ayudar en caso de necesidad. Va, al final no ha sido para tanto! Cuando ya estoy celebrando haber hecho la carretera de la muerte un último obstáculo: una de las muchas cataratas que caen por la montaña ha crecido bastante y el arroyo baja con mucha más agua y fuerza que hace diez minutos según me cuenta un local. Va a ser el “río” con más fuerza que he cruzado hasta ahora, pero no hay alternativa. El local me mira y se sonríe con mis miedos. Fijo la vista en la otra orilla, intento hacer una diagonal a la corriente y doy gas. Listo, crucé! Ahora sí puedo decir que he hecho la carretera de la muerte!